viernes, 31 de octubre de 2008

This is the Gloaming.


Nueva York, 30 de octubre. ¡Fraude! Y ni han transcurrido las elecciones.

Aun antes del día oficial de los comicios generales ya hay quejas por defectos en el proceso electoral y acusaciones de fraude y manipulación en este país que insiste en presentarse como “el modelo” de las democracias modernas.

Investigaciones federales sobre manipulación del proceso de empadronamiento, demandas legales por el padrón, y advertencias de intentos para suprimir el voto en varias regiones, entre otras quejas, se registran ya en varios estados que serán claves en la elección. No sorprende que la mayoría –58 por ciento según una encuesta de CNN– duda si los votos serán emitidos y contados de manera confiable.

Depositar una boleta en una urna es supuestamente el acto de ciudadanía más sagrado y que define la existencia de una democracia. Hoy en Estados Unidos pocos confían en que el sistema electoral registra de manera precisa la voluntad del pueblo. No hay garantía de que cada ciudadano tenga acceso pleno a las urnas ni que al salir de una casilla su voto quede correctamente registrado, y esos defectos no incluyen las manipulaciones del voto, incluido el fraude.

Las dos elecciones presidenciales pasadas fueron manchadas de fraude, manipulación del voto y hasta la fecha nadie puede confirmar el conteo real. Por ello, prevalece la preocupación de que el sistema electoral no funciona, y que el proceso es defectuoso y vulnerable. Es un sistema que nunca ha sido reparado a pesar de que todos saben que está descompuesto.

Decenas de miles de máquinas electorales recién compradas ya han sido tiradas a la basura en Florida y otros estados, y la mayoría de los ciudadanos este año votarán de nuevo en boletas de papel.

Estos problemas podrían ser aún mayores, ya que se espera un nivel de participación electoral sin precedente en tiempos modernos, algo que podría poner enorme presión a un sistema ya de por sí vulnerable y defectuoso.



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